Abrió los ojos y miró cara a cara a la soledad. Hacía frío pero apenas lo sentía, era mucho más fuere la fría melancolía que da forma a la tristeza. Las palabras escritas en el corazón con la tinta del desprecio, las mentiras aderezadas con la cálida imagen de una sonrisa que tiene el poder de acallar las dudas y hacer que los sentidos pierdan la cabeza. Me enamoré de las mentiras, de un corazón tan frío que helaba hasta el fuego desmedido del cariño, de la cobardía que te visita a diario y deja ese tenue perfume a decepción que perdura por días. Yo que creía en ella sin un atisbo de duda, que hubiese ido a los confines del mundo para robarle una sonrisa. Yo que la convertí en princesa e hice que mi vida fuese un cuento de hadas donde ella reinaba a diario nunca pensé que era prisionero de sus falacias, que estaba muy solo aunque tuviese su compañía, que construí un universo ficticio con los retazos de mi trémula fantasía. Para mí ella lo era todo, el principio de mi viaje y el final de mi camino, nunca pensé que su corazón era un erial vacío, que sus labios yacían huérfanos de besos, que habitaba un mundo que nunca sería el mío. Jamás pensé que dejaría abandonado en el rincón de su olvido mi corazón roto, que mis palabras solo eran besos lanzados al aire y perdidos en la inmensidad de su egoísmo. Me dejó tirado en el camino, deambulando por los oscuros bares de copas, llorando por las sucias esquinas de su recuerdo, esperando unas palabras que dibujasen un perdón, un simple gesto, por nimio que fuese, de que alguna vez su corazón fue mío, que su mirada escondiese un atisbo de verdad, que las lágrimas que una vez derramó fuesen, de verdad, un homenaje a toda su pasión.
Quedé malherido, ciego, desnudo pidiendo a la muerte que me concediera su atención, que me permitiese descansar de este dolor insufrible, que cercenase mi tristeza con el afilado filo de su guadaña. La muerte me miró con condescendencia, como muchas veces me miro ella, con unos ojos oscuros que solo reflejan la pena, y me concedió el don de no conocer la tristeza, de continuar caminando sin descanso hasta encontrar el corazón que siempre he buscado, de no viajar al infierno y pasear mi amargura por las estancias del cielo, que tras la tormenta, por terrible que sea, siempre llega la calma, y que por muy oscura que sea mi noche triste siempre habrá un nuevo amanecer donde brille el sol, donde la esperanza se desperece y busque otro corazón que acariciar.
He sido valiente mientras habitaba la cobardía, estúpido por enamorarme de un corazón que no debía, por creer que el egoísmo no puede alimentarse de la belleza. He sido infeliz por habitar un corazón gélido, tan frío que no podía subsistir ningún sentimiento en él. Y sin embargo aún la quiero, aún pienso en ella y se me eriza el corazón, aún la miro desde la calma del pasado y creo que no hay nada más hermoso en el mundo.
NUNCA PUDE ESCAPAR DE SU RECUERDO
HABITAR LA FELICIDAD QUE ES DE DIARIO,
RECOSTAR MI CABEZA EN EL HOMBRO
DE LOS SUEÑOS QUE SE MUEREN DE FRIO.
AHORA QUE LA SOLEDAD ME HACE COMPAÑÍA
RECUERDO AQUELLAS NOCHES FRÍAS
DONDE PODÍA SENTIR EL CALOR DE SU SONRISA,
Y EL SABOR DE SUS LABIOS ACARICIANDO MI CORAZÓN..

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