Había una vez una noche sin luna, unos sueños perdidos, unos ojos que nunca pude encontrar. El llanto desconsolado de quien ha perdido el rumbo y solo desea ser encontrado, la tristeza que vive en los páramos del desencanto, el tiempo que se dilata cuando la espera bosteza. Había una vez un cuento inconcluso, un angosto paraje donde la pena cabalgaba descocada, un mar de dudas donde se ahogaba la certeza. Un camino que no te llevaba a ningún lugar, una procesión sin banda ni pasos que salía de duelo las noches vacías, el canto muy lejano de la nostalgia que no se atreve a visitarte a diario. Las notas que deja el cariño cuando te mira a la cara, las verdades a medias que esconden un amor imposible, los finales felices que se ajan esperando a la princesa del cuento, las disculpas que se mueren en los labios, los labios que se pierden en cuerpos sin rostro, los rostros que hacen la vida un poco más fácil. Había una vez una mujer que se llamaba nostalgia, un puerto donde los corazones se morían de hastío esperando rozar un horizonte por el que jamás podrían navegar, un viaje a ningún lugar que te llevaba a todas partes. Un suspiro que se elevaba hasta el cielo, un millar de tímidos besos, una sonrisa que te llevaba al país de las maravillas. Un corazón sin dueño, una dama que dejaba de serlo en las noches de luna llena, un cúmulo de palabras que te dejaban perplejo, un glosario de caricias que escribían en mi cuerpo lo mucho que yo te quiero. Había una vez una cocina vacía, un olor intenso a cariño, una cama desecha y un corazón desnudo que se ruborizaba cada vez que lo mirabas. Las penas con cariño son menos penas, es lo que siempre pensaba, y ahora que soy feliz echo de menos la tristeza. Había una vez una vieja canción que ponía banda sonora a mi vida, un tenue aroma a pasiones prohibidas que me acompañaban en el devenir de los días, unos ojos de gata que miraban a través de la locura, una locura que ponía orden a mi cordura, una mano que podía asir cada vez que me encontraba perdido. Un amanecer que siempre me pillaba despierto, un cuerpo desnudo que se desperezaba a mi lado y me regalaba una mirada burlona, un perfume muy suave a amores eternos. Había una vez una historia interminable, un amor consumido en dosis pequeñas, una mujer que era la mujer de mi vida y una vida que nunca podría existir sin ella.
HABÍA UNA VEZ UN AMOR IMPOSIBLE,
UNOS BESOS INVENTADOS, UN CORAZÓN DERROTADO.
HABÍA UNA VEZ UN MUNDO SIN TRISTEZA,
UN LUGAR CONSTRUIDO CON TU SONRISA,
UNA DEVOCIÓN DE LAS QUE DURAN TODA UNA VIDA.






