martes, 11 de agosto de 2026

HABÍA UNA VEZ UNA CHICA

      Había una vez una chica que jamás me preguntó si la quería, que se paseaba desnuda por mi mirada con esa belleza serena que nada ocultaba. Una chica como nunca habrá otra, una chica que siempre fue mía aunque nunca la tuve. Me regaló días preciosos, me escribía poemas con los ojos, y sus manos, dios mío, sus manos eran mariposas inquietas suspendidas en el espacio que habita la perpetua fantasía. Nunca la besé pero conservo cada uno de sus besos, cada latido de su corazón rebelde, cada palabra que nunca me dijo pero que yo en sus silencios siempre podía escuchar. Era pequeña, divertida, inquieta, una princesa de ir por casa que nunca necesitó un príncipe azul, una locura desatada que convertía en poesía todo aquello que tocaba, una niña que el tiempo transformó en mujer, un arlequín componiendo la banda sonora de cada uno de mis días. Era música, silencio, calma y tormenta, era lo que siempre necesitaba y jamás me faltaba. Era sol, era lluvia, era mar, y era desierto, era un poema compuesto por la vida. Recuerdo los escalones empinados que me llevaban a la puerta de su casa, esa carretera vieja y desgastada por la que viajaba hasta su alma. Recuerdo su sonrisa, imposible olvidar esa tímida inocencia que manaba de sus labios, ese desparpajo que se escapaba de cada uno de sus gestos, ese tímido rubor que manchaba sus mejillas cuando nuestras miradas se cruzaban, esos trémulos silencios que tanto me gustaban, esos cálidos abrazos que nunca terminaban. Recuerdo cuando se fue pero también recuerdo que nunca me dejó, que la distancia no existía entre los dos, que bastaba un suspiro para despertar su recuerdo, que el infinito contenía su corazón, que yo la quería con locura pero nunca necesité palabras para escribir mi devoción, que hubo un tiempo donde el mundo éramos ella y yo. Recuerdo aquella chica que lloraba cuando se marchó, ese cariño inmenso que dejó escrito en las puertas de mi corazón. Recuerdo su regreso, y que entre una multitud solo estábamos los dos. Nunca podré olvidar a esa chica que me regaló  otra vida cuando me encontró.


TE ENCONTRÉ CUANDO NO TE BUSCABA
CUANDO LA VIDA PASABA DEPRISA
Y EL CARIÑO SE CONSUMÍA DESPACIO.
TE ENCONTRÉ SIN ESPERAR NADA
Y TÚ ME LO DISTE TODO.
TE ENCONTRÉ EN LA TIMIDEZ DE TU SONRISA
Y MI MUNDO NUNCA VOLVIÓ A SER EL MISMO.
AHORA QUE EL CIELO TE ARREBATÓ DE MI LADO
PASEO CONTIGO A DIARIO POR LAS VEREDAS DE MI ALMA.





martes, 4 de agosto de 2026

EN LA TORMENTA

     Has vuelto, aunque tú no sabes que jamás te fuiste, que he convivido contigo cada día, que no he olvidado el placer de tu sonrisa, que me he despertado cada mañana con el dulce sabor de tu recuerdo enredado entre mis manos, que has sido mi refugio cuando la tristeza era mi amante de diario. Has vuelto de la nada tan hermosa como siempre, con esa belleza etérea que solo camina por los sueños, con el dolor que me dejaste y el amor que te llevaste de los recovecos de mi alma. Te miro como si nunca te hubiese visto, como si nunca te hubieses ido, como si hoy fuese ayer y te dejase con un beso en la puerta de tu casa, como si el amor nunca se hubiese acabado, como si los días aún estuviesen hechos de ti. Recuerdo como caminabas a mi lado, el perfume de tu cuerpo en cada paso, recuerdo como me mirabas y la vida se paraba, como me tomabas de la mano y sobraban las palabras. Has vuelto sin mediar una cálida disculpa, como si fuese ayer cuando decías que me amabas y con solo eso bastaba para construir un mundo perfecto de la nada, cuando las batallas terminaban con un helado compartido y las tardes nunca se acababan. Te he esperado tanto que perdí la cuenta de los días, tanto que mi corazón casi se olvido que te quería, tanto que pensé que ya jamás regresarías. He contado cada día, he pintado un mural en las habitaciones de la espera con todo el amor que poseía, con todos los momentos que una vez fueron nuestros y se marcharon contigo, con lo poco que dejaste aquel día que te marchaste. Te he amado tanto que nunca me importó pelear en tus batallas, enfrentarme al mundo con las manos vacías, con el corazón roto, con la tristeza por bandera. Nunca me importó morir de pena y vivir de prestado en tu corazón, y aunque sabía que nunca sería mío eso apenas me importó. Has vuelto, pero ignoras tantas cosas, la tristeza que oxida mis venas, el cariño que se muere por tus besos y los besos que habitan en el patio de recreo donde una niña me decía a diario lo mucho que me quería. No sabes nada de la soledad que me ha hecho tanta compañía, de las heridas que me dejaron tus besos y de las horribles cicatrices que afean mi felicidad. Y ahora que te miro, que contemplo de nuevo tu sonrisa, ahora que te tengo siento que no me muero por tus besos, que he esperado lo imposible y lo imposible ha tardado demasiado en hacerse realidad. Siento que mi vida continua vacía, que el paso del tiempo ha devorado nuestro amor, que una vez te amé tanto que no me importó el miedo que consumía tu corazón. Y ahora que te tengo, amor mío, he comprendido que ya no te necesito. 



SIEMPRE FUISTE UN SUEÑO INALCANZABLE
INCLUSO CUANDO ESTABAS A MI LADO,
CUANDO ME MIRABAS Y TUS OJOS ME HABLABAN
CUANDO CADA UNO DE TUS GESTOS ME DECÍA QUE ME AMABAS.
SIEMPRE LO SUPE Y NUNCA ME IMPORTÓ
SOLO QUERÍA AMARTE UN RATITO NADA MÁS
MEDIR EL TIEMPO EN LOS LATIDOS DE TU CORAZÓN
CERRAR LOS OJOS E IMAGINAR QUE NUNCA TE IBAS A MARCHAR.