Había una vez una chica que jamás me preguntó si la quería, que se paseaba desnuda por mi mirada con esa belleza serena que nada ocultaba. Una chica como nunca habrá otra, una chica que siempre fue mía aunque nunca la tuve. Me regaló días preciosos, me escribía poemas con los ojos, y sus manos, dios mío, sus manos eran mariposas inquietas suspendidas en el espacio que habita la perpetua fantasía. Nunca la besé pero conservo cada uno de sus besos, cada latido de su corazón rebelde, cada palabra que nunca me dijo pero que yo en sus silencios siempre podía escuchar. Era pequeña, divertida, inquieta, una princesa de ir por casa que nunca necesitó un príncipe azul, una locura desatada que convertía en poesía todo aquello que tocaba, una niña que el tiempo transformó en mujer, un arlequín componiendo la banda sonora de cada uno de mis días. Era música, silencio, calma y tormenta, era lo que siempre necesitaba y jamás me faltaba. Era sol, era lluvia, era mar, y era desierto, era un poema compuesto por la vida. Recuerdo los escalones empinados que me llevaban a la puerta de su casa, esa carretera vieja y desgastada por la que viajaba hasta su alma. Recuerdo su sonrisa, imposible olvidar esa tímida inocencia que manaba de sus labios, ese desparpajo que se escapaba de cada uno de sus gestos, ese tímido rubor que manchaba sus mejillas cuando nuestras miradas se cruzaban, esos trémulos silencios que tanto me gustaban, esos cálidos abrazaos que nunca terminaban. Recuerdo cuando se fue pero también recuerdo que nunca me dejó, que la distancia no existía entre los dos, que bastaba un suspiro para despertar su recuerdo, que el infinito contenía su corazón, que yo la quería con locura pero nunca necesité palabras para escribir mi devoción, que hubo un tiempo donde el mundo éramos tú y yo. Recuerdo aquella chica que lloraba cuando se marchó, ese cariño inmenso que dejó escrito en las puertas de mi corazón. Recuerdo su regreso, y que entre una multitud solo estábamos los dos. Nunca podré olvidar a esa chica que me regaló otra vida cuando me encontró.
TE ENCONTRÉ CUANDO NO TE BUSCABA
CUANDO LA VIDA PASABA DEPRISA
Y EL CARIÑO SE CONSUMÍA DESPACIO.
TE ENCONTRÉ SIN ESPERAR NADA
Y TÚ ME LO DISTE TODO.
TE ENCONTRÉ EN LA TIMIDEZ DE TU SONRISA
Y MI MUNDO NUNCA VOLVIÓ A SER EL MISMO.
AHORA QUE EL CIELO TE ARREBATÓ DE MI LADO
PASEO CONTIGO A DIARIO POR LAS VEREDAS DE MI ALMA.

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